Cuando escucho a los políticos tanto de un lado como del otro declararse a favor de la jubilación estatal, me acuerdo que en los primeros años de implantarse la jubilación estatal, los aportes y contribuciones se hacían con estampillas valorizadas en una libreta a nombre del empleado cuyo aporte era entre el 11 y l3 % de su sueldo, mientras que la contribución del empleador era de entre el 13 y 15 %.
La excusa que oficialmente se daba para justificar la monstruosa suma que significaba el 27 % de los sueldos era la necesidad de jubilar a todos los viejitos que no habían aportado a su tiempo. (Los únicos que ya entonces tenían un sistema jubilatorio eran los ferroviarios que en total se financiaba con solo el 8 % del sueldo del empleado.)
Los pocos “viejitos” que pudieron conseguir la certificación de sus años de servicios, con el correr de los años fueron desapareciendo pero los aportes y retenciones quedaron igual.
Durante los años siguientes las jubilaciones se otorgaban después de ingentes trámites y se concedían por montos ridículamente inferiores a los sueldos.
¿Cual es la razón de la preferencia por el sistema estatal? ¿ el reparto ? posiblemente para poder otorgar jubilaciones de privilegio a quienes no aportaron el tiempo necesario, o jubilaciones “de facto” a quienes nunca aportaron nada, pero tienen muy buena voluntad el día de las elecciones.
Este es el sistema que permitió a los gobiernos de todas las especies y tipos manipular
estos fondos para hacer creer al pueblo que son genios de las finanzas y de las obras públicas, que corrigen los errores de todos los gobiernos anteriores, que regalan millones de jubilaciones, de prepo y de las truchas de puro buenitos que son.
Los últimos días de las dictaduras militares se otorgaban jubilaciones de privilegio a los funcionarios que hayan cumplido la “hazaña laboral” de permanecer seis meses en el cargo, derogada por el gobierno “legal” entrante pero inmediatamente restaurada con la apariencia de correcta por el nuevo gobierno.
Cuando falta la ética la democracia es una mentira.
En los 62 años que existe la jubilación estatal no se ha conseguido capitalizar un solo peso para formar un capital auténticamente argentino que debería haber suplido la tremenda demanda que tiene nuestro país de inversiones productivas.
Del otro lado de la cordillera, el sistema que no le agrada a algunos políticos ha amasado el capital suficiente para que las empresas Chilenas sean concesionarias de la distribución de la energía eléctrica y del gas en esta provincia. Para eso se necesita CAPITAL , sea el gobierno socialista u oligárquico, populista o derechista, chino japonés o italiano. Esto en solo alrededor de 20 años contra los 62 de nuestra querida estatal.
Podría seguir discurriendo sobre nuestros dilemas irresueltos pero me tengo que tomar un descanso para llorar.
domingo, 17 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario